domingo, 12 de julio de 2009

Virgen santísima, socórrenos

Todas las iglesias pretenden imponer un dogma de fe: un sistema estructurado de creencias que no puede ser cuestionado, y donde el dios, profetas, santos, etc., son seres sobrehumanos y perfectos, sin fallas ni pecados. La cultura popular ha asimilado estas creencias a su propia visión del mundo, caracterizada por la sencillez, el apego a la naturaleza y un alto sentido práctico. En Los perros hambrientos, Ciro Alegría brinda una muestra de esta idiosincracia. A continuación, presentamos dos fragmentos de una de las mejores novelas del escritor peruano.

¡Arriba en el cielo están los santos y santas! Todos los santos y santas del cielo, haciendo sus milagros. Arriba en el cielo, ahora amargo. Y cada santo y santa tienen su propia especialidad. Y en cada lugar hay una imagen para pedirle lo que sea necesario. San Isidro hace granar las mieses. Pero no le hablen de lluvias: en eso, por lo menos en las tierras de nuestra historia, es perita la Virgen del Carmen. Pero para prevenir accidentes dentro de las mismas lluvias, ahí está Santa Bárbara. Cuando truena, se la invoca de esta manera:

Santa Bárbara, doncella,

líbranos del rayo y la centella.

San Cristóbal es protector de caminantes, y San Nicolás de navegantes. Este agrupa sus devotos entre los cholos balseros del Marañón. Santa Rita de Casia es abogada de imposibles, pero comparte responsabilidades con San Judas Tadeo. San Cayetano mantiene la plata y el pan en el hogar. Y así por el estilo. Hemos dejado para el final a San Antonio por ser el más milagroso, campechano, democrático y paciente de los santos. El es experto en descubrir pérdidas y robos, buscar empleos, concertar matrimonios, curar enfermos, curar pobrezas, curar infidelidades, etc. Además, se contenta con poco: una velita y unas cuantas oraciones. Y todavía, si no concede lo pedido, el defraudado puede tomar contra él medidas compulsivas para obligarlo a hacer caso. Hay quienes lo azotan. Los más lo ponen patas arriba. Otros le hacen oler orines. También, si es que lo tiene, le quitan el traje nuevo. Recibe el debido castigo hasta que el milagro se realice. De lo contrario, puede inclusive ser decapitado. Así pasó con el que llevaba en su alforja el abuelo del Simón Robles, que era arriero. La piara de mulas que conducía -nada menos que treinta mulas- se le perdió en las inmensas punas de Callacuyán. Estuvo tres días buscándolas. Al cuarto, desesperado, sacó a San Antonio de la alforja, lo puso en el suelo y de un machetazo le cortó la cabeza. ¡Pero no hay que ser impío antes de tiempo! Al subir a un cerro vio que a lo lejos trotaban unas mulas arreadas por un hombre montado, en pelo, en la última fila. Avanzaban rápidamente. Llegaron a su lado. Eran sus mulas. Estaban todas, ni una más ni una menos, pero el hombre no estaba. El abuelo del Simón, entonces, comprendió. Y puso de pie al santo y le acomodó como pudo la cabeza, que quedó ladeada sobre el roto cuello, y se arrodilló ante él, llorando y pidiendo perdón. Desde ese día fue más devoto. Por supuesto que hizo soldar la cabeza. La devoción heredóse junto con la imagen, que el Simón tenía sobre una repisa rústica en un ángulo del bohío. Y era precisamente esa imagen de cuello pegado la milagrosa. Otra no valía lo mismo.





Aprendiendo del Simón, y frecuentemente ayudados por él mismo, relataremos también otras muchas importantes historias. Acaso sean puestas en duda, ya que la verdad es, en algunas ocasiones, tan paradojal o tan triste, que el hombre busca razones para el ingreso de la incertidumbre. Y en esto se parece -hablando en genérico y salvando, en cada situación, las distancias precisas- a cierto curita de la provincia de Pataz. Era un sacerdote humilde e ignaro, de la cuerda de aquellos indios beatos a quienes el obispo Risco de Chachapoyas, después de enseñarles unos cuantos latinajos, tonsuró y echó por el mundo -en este caso el mundo era la sierra del norte del Perú- a desfacer entuertos de herejía.

Nuestro buen curita predicaba una vez el famoso Sermón de Tres Horas en la iglesia del distrito de Siguas. Puso mucha emoción, gran patetismo, en relatar los padecimientos y muerte de Nuestro Señor. El resultado fue que casi todos los aldeanos feligreses, en especial las viejas pías, se pusieran a gemir y llorar a moco tendido. Confundido el curita por el efecto de sus palabras y no sabiendo cómo remediar tanto dolor, dijo al fin:

- No lloren, hermanitos... Como hace tanto tiempo, quién sabe será cuento.




Imágenes: vidayobras.blogspot.com, torear.blogspot.com

miércoles, 8 de julio de 2009

Alejandro Romualdo (V)

En su búsqueda de nuevas formas de expresión a través de la poesía, Romualdo ha pasado por diversas etapas creativas: una inicial, neosimbolista; otra, existencialista; y una tercera, neovanguardista. Sin embargo, a lo largo de todas ellas ha perdurado su compromiso social, así como la inmensa humanidad que transmiten sus poemas, los cuales reflejan una mirada profunda y diferente al ser humano y la sociedad en la que vive. En Romualdo se comprueba el aserto de Rimbaud: que todo poeta es un vidente. A continuación, presentamos el análisis del crítico peruano Camilo Fernández acerca de Alejandro Romualdo, y una selección de sus últimos poemarios.





Charles Baudelaire, poeta romántico antecedente del Simbolismo francés, había señalado que la poesía debía expresar el misterio de la vida y manifestar el universo interminable de las analogías, pues el poeta era un descifrador de los aparentes jeroglíficos que pueblan el mundo. El autor de Las flores del mal decía que el verdadero poema debe alejarse de la forma didáctica: “Describiendo lo que existe, el poeta se degrada y se rebaja al rango de profesor; refiriendo lo posible, permanece fiel a su función, es un alma colectiva que interroga, que llora, que espera y que adivina a veces”. Rimbaud exploró el universo de las interminables analogías en su poema “Vocales” y le asignó a cada una de éstas un color. De ese modo, se alejó de todo discurso didáctico y planteó la idea de que la poesía era una desorganización de los sentidos y ello hacía del poeta un vidente que accedía a una realidad distinta de la habitual. Verlaine escribió: “De la musique avant toute chose”; es decir, la música como principio fundamental está antes que todo y en la génesis del texto poético. El poema era visto como un conjunto de acordes y ello implicaba un arduo trabajo del receptor para completar el sentido que el autor apenas ha esbozado. Mallarmé decía que: "Nommer c'est supprimer les trois quarts de la jouissance du poème qui est faite du bonheur de deviner peu à peu; le sugérer, voilà le rêve". No hay que nombrar, sino sugerir determinadas realidades; he allí la labor del poeta, quien debe huir de todo discurso que imponga conocimientos e ideologías de modo autoritario. La torre de los alucinados como poemario neosimbolista se sitúa en esta tradición: la poesía como sugerencia y alejada de todo discurso didáctico. Ello evidencia que el poeta busca las inacabables analogías y convierte a su texto en una provocación para el lector. Por eso, debemos releer esas páginas de Alejandro Romualdo y comprobar que hay un gran poeta, cuya obra tiene indiscutible vigencia.



De "Edición extraordinaria" (1958)


Canto coral a Tupac Amaru, que es la libertad





Yo ya no tengo paciencia para aguantar
todo esto
Micaela Bastidas

Lo harán volar
con dinamita. En masa,
lo cargarán, lo arrastrarán. A golpes
le llenarán de pólvora la boca.
Lo volarán:
¡y no podrán matarlo!

Lo podrán de cabeza. Arrancarán
sus deseos, sus dientes y sus gritos.
Lo patearán a toda furia. Luego
lo sangrarán:
¡y no podrán matarlo!

Coronarán con sangre su cabeza;
sus pómulos, con golpes. Y con clavos
sus costillas. Le harán morder el polvo.
Lo golpearán:
¡y no podrán matarlo!

Le sacarán los sueños y los ojos.
Querrán descuartizarlo grito a grito.
Lo escupirán. Y a golpe de matanza
lo clavarán:
¡y no podrán matarlo!

Lo pondrán en el centro de la plaza,
boca arriba, mirando al infinito.
Le amarrarán los miembros. A la mala
tirarán:
¡y no podrán matarlo!

Querrán volarlo y no podrán volarlo.
Querrán romperlo y no podrán romperlo.
Querrán matarlo y no podrán matarlo.
Querrán descuartizarlo, triturarlo,
mancharlo, pisotearlo, desalmarlo.
Querrán volarlo y no podrán volarlo.
Querrán romperlo y no podrán romperlo.
Querrán matarlo y no podrán matarlo.

Al tercer día de los sufrimientos,
cuando se crea todo consumado,
gritando ¡libertad! sobre la tierra,
ha de volver.

Y no podrán matarlo.


La paloma de alas rojas

Mira, madre, en el cielo una paloma
de alas ensangrentadas: ¿Quién la ha herido?
Mira cómo se agita, prisionera,
desesperadamente por su nido.

Mira, madre, en el cielo otra paloma,
y otra paloma igual, ensangrentada.
Mira cómo palpita, traspasada
por una flecha, y vuelta prisionera.

Vamos a liberarla por el cielo,
y que retorne con la primavera.
Paloma roja y blanca de mi pueblo.
Paloma de alas rojas, mi bandera.


Tú no eres un ángel

Tú no eres un ángel, ni un hada, ni una diosa,
y yo te amo.
Tus alas son las alas de mi poesía.
Tu espada es la espada de mi poesía.

Tú no eres un ángel, ni un hada, ni una diosa.
Posees un cuerpo real. De mujer.
Los ángeles no me protegen como tú,
ni me hablan como tú,
ni sus alas son más suaves que tus cabellos.

Te amo así: mujer de labios dulces y manos ásperas,
mujer de carne y sueño, mujer mía
en medio de la felicidad o el sufrimiento.



De "Cuarto mundo" (1972)

Poética

La rosa es esta rosa. Y no la rosa
de Adán: la misteriosa y omnisciente.
Aquella que por ser la Misma Rosa
miente a los ojos y a las manos miente.

Rosa, de rosa en rosa, permanente,
así piensa Martín. Pero la cosa
es otra (y diferente) pues la rosa
es la que arde en mis manos, no en mi mente.

Esta es la rosa misma. Y en esencia.
Olorosa. Espinosa. Y rosamente
pura. Encendida. Rosa de presencia.

La Rosa Misma es la que ve la gente.
No es la que ausente brilla por su ausencia,
sino aquella que brilla por presente.


Entre líneas

Enséñame a dibujar, dice Laura,
y mueve el lápiz.
(El papel
se puebla de árboles,
los árboles
se llenan de frutos
y de pájaros
que abren el pico azul
y verde y rojo
para cantar entrelíneas
"y después dice que no sabe...")


Belleza clásica

Todos alaban tus mejillas dulces,
tu tenso vientre, tus abruptos senos
y tu impecable, intacta dentadura.
(Pero callan, oh Níger impetuosa,
el temblor de tus nalgas celestiales).


Tus ojos aquellas barcas

Creo que son tus ojos aquellas barcas
que reposan con dulzura bajo tu frente.
(Tus ojos esas barcas
amarradas
a la orilla
del mar del mar
de lágrimas
de tus ojos esas barcas
amarradas
con lágrimas
a la orilla
de tus ojos.)

Quiero creer que son tus ojos
aquellas barcas reclinadas bajo tu frente.
Hasta que el sol se va, no me levanto.
Aún estoy sentado junto al mar. Quiero
soñar que son tus ojos esas barcas que avanzan
mar afuera, hacia el amor.
Amor adentro, el corazón va en ellas. Quiere
llegar
hasta tu corazón.


Soledad I

Solo el cielo en el cielo
y en el aire
el pájaro solo
sólo el pájaro en el aire
y otra vez el cielo
y nada más que el pájaro
y nada más que el cielo
definitivamente solo
cielo y pájaro.






Imágenes: carlosmsotomayor.blogspot.com, freeforumzone.leonardo.it, charomendivil.de










lunes, 29 de junio de 2009


Pitágoras, el del teorema

Sumamente conocido por casi todos los escolares del mundo, Pitágoras es un ser mítico y legendario que vivió (probablemente) hace 2400 años. Matemático, fundador de una secta, gustador de la armonía de las esferas celestiales, es todo un personaje semejante a Cristo, del cual no está probada su existencia histórica. Aunque sí está probada su influencia cultural. A continuación, una presentación desenfadada de este gran personaje.





Cuando se siente la urgente necesidad de calcular la diagonal de un triángulo rectángulo, se aplica la fórmula según la cual el cuadrado de la hipotenusa es igual a la suma de los cuadrados de los otros dos lados. Cálculo matemático de nivel de escuela primaria, pero cuya elaboración es altamente sofisticada. Nadie ignora que el autor de este teorema es Pitágoras. Sí, pero ¿cuál de ellos? Nuestro héroe -nunca mejor dicho, puesto que es hijo de Apolo y de una virgen llamado Pitais- no es sólo un matemático griego nacido en la isla de Samos y criado por Mnesarco el grabador, marido de su madre (*). En realidad, parece ser que tuvo vidas anteriores. Y tal vez incluso posteriores. El relato de las vidas de este ser legendario requeriría varios biógrafos. Lo había visto todo en el transcurso de viajes por Asia Menor, Caldea, Egipto, India y los infiernos, de donde había regresado.

Poseía todos los poderes, hasta tal punto que sus discípulos creían que venía directamente de las regiones hiperbóreas. Porfirio nos lo describe -ocho siglos después de su muerte- dotado de una larga cabellera, un muslo de oro y un porte grave y digno.


Lo sabía todo. Había inventado las tablas de multiplicar, los números irracionales, las reglas de la armonía, los poliedros regulares, los inicios del cálculo de las proporciones y el tetrakys (**), fundamento de todas las cosas. Estos conocimientos diversos, o sea, heteróclitos, permiten a Heráclito tratar a Pitágoras de polímata, forma culta de decir metomentodo.

Nadie le vio jamás entregarse a los placeres de la carne ni -cosa todavía más sorprendente en la profesión de filósofo antiguo- honrar las viñas del Señor. Una fuente suplementaria de asombro es que no se hallaba nunca sometido a las necesidades naturales y, en ocasiones, imperiosas a las que todo quisque se pliega, sea antiguo o moderno, aritmético o porteador de agua.

Tal acumulación de hechos extraordinarios sin duda explica por qué este superhombre se convirtió en cabecilla de una secta. Los pitagóricos, como buenos sectarios, debían respetar unos ritos. Algunos, bastante banales: durante sus sisitias o comidas comunes, no comer gallo blanco, no romper el pan y no ingerir las migas caídas al suelo. Otros, en función de una causalidad imparable: por ejemplo, evitar las habas, bien porque su forma recuerda el sexo femenino o bien porque su lado "ventoso" provoca demasiado soplo vital. Había prohibiciones más misteriosas: hablar en la oscuridad, orinar de cara al sol, atizar el fuego con un cuchillo y volver la cabeza en el momento de abandonar la patria.


Los pitagóricos formaban una congregación eticocientífica, el club más cerrado de Crotona, en Calabria.
Dos reglas fundamentales reinaban en él. Para el neófito, la primera regla consistía en observar un silencio absoluto de cinco años, al término de los cuales tenía derecho a ver a Pitágoras. La segunda, que afectaba a todos, era un examen de conciencia vespertina de requerimientos implacables: "¿De qué enfermedad te has curado?", "¿Qué vicio has combatido?", "¿En qué eres mejor?". Una indagación infinita sobre esta existencia y las vidas anteriores, pues los pitagóricos creían en la reencarnación, o metempsicosis. Como resultaba útil, antes de emprender el viaje siguiente, purificarse cuerpo y alma, Pitágoras había elaborado un técnica cerebrorrespiratoria que se hizo célebre: la de la tensión de los prapides, que, al poseer algo del pensamiento y algo del diafragma, propulsan fuera del cuerpo y del tiempo. Así, para viajar a sus vidas anteriores y prepararse para explorar las posteriores, el yogui al estilo griego se basaba en el número. Meditando en el poder simbólico del 3, que representa el matrimonio (¿ah, sí?), del 4, la justicia, del 7, la ocasión, etcétera, se fusionaba con la armonía universal del Cosmos.

Pero ¿por qué este sistema de educación universal, esta orden de vocación política se desarrolló precisamente en Crotona? Encuentro deslumbrante entre el matrimonio y la Historia: Pitágoras había casado a su hija con un miembro de la aristocracia de la ciudad, y en Crotona estaban produciéndose turbulencias políticas. Milón, su yerno, vencedor varias veces en los juegos olímpicos, era también jefe guerrero y, deseoso de evitar que Síbaris contaminara a Crotona, arrastró a sus compatriotas crotoniatas contra los sibaritas, proverbiales por su lujo y sus costumbres disolutas. Milón luchó en nombre de las ideas de su papá político: la vida es un combate entre el ponos, el esfuerzo arduo, es decir, la virtud, y la trufé, la molicie, a saber, el vicio.





(*) Obsérvese la similitud entre Pitágoras y otro filósofo, éste judío, que también tenía un padre Dios, una madre virgen y un padre adoptivo carpintero.
(**) Suma de los cuatro primeros números, representada por el triángulo decádico y que encierra en sí misma la naturaleza del par y del impar.





Saint-Drôme, Oreste (2003). Cómo elegir a su filósofo. Barcelona: Vergara
Imágenes: toonpool.com, academiapitagoras.cl, cronica2008.blogspot.com, psyc-trance.blogspot.com

domingo, 28 de junio de 2009


Canciones populares en La serpiente de oro

La serpiente de oro constituye la primera experiencia lingüística en la tradición narrativa peruana que recoge el habla regional. Con este fin, Ciro Alegría incluyó en su obra una serie de canciones populares que muestran la idiosincracia y costumbres de los pobladores de las riberas del Marañón: ingenio, humor, lucha por la vida, amor. Estas canciones demuestran que uno de los grandes valores de la obra de Alegría es haber reflejado la realidad de manera honda, genuina y sin artificios.






Río Marañón, déjame pasar:
eres duro y fuerte,
no tienes perdón.
Río Marañón, tengo que pasar:
tú tienes tus aguas;
yo, mi corazón.




Mi montura y mi mujer
ser perdieron hace tiempo.
Qué mujer ni qué demonios,
mi montura es lo que siento.




Voy a buscar mi mujer
güenamoza sin peinar,
pue siestá muy arreglada,
mentira hay haber puatrás.




Guapi, guapi, cóndor,
no te lleves mi corderú,
no te lleves mi corderuuúu...
porque si vos lo llevas,
morirás el primerú,
morirás el primerúuuuúu.




En el campo hay una flor
que le llaman cardo santo,
¿por qué ni me reparás
cuando yo te quiero tanto?




Ah, María Rosa,
queterás haciendo
en la noche escura
conel señor cura...

martes, 23 de junio de 2009

La serpiente de oro

La serpiente de oro es el inicio de una trilogía fundamental de nuestra narrativa. En códigos realistas y con un lenguaje escindido, Ciro Alegría explora los avatares de la vida humana y celebra a la paradójica Naturaleza que crea y destruye incesantemente.




Después de haber sido encarcelado y torturado por su filiación aprista, el joven Ciro Alegría es exiliado a Chile en 1934. En dicho país, sobrevive publicando cuentos breves para el suplemento literario de un diario de Buenos Aires. En su afán de multiplicar sus ingresos, decide enviar un texto más extenso que titula "La balsa". El relato fue rechazado con una escueta respuesta "demasiado largo", pero así nació el germen de una de las piezas más entrañables de nuestra literatura y una de las novelas más hermosas del paradigma mimético verosímil en el registro de lo que se denominado "novela de la tierra".
Alegría decide ampliar el cuento que inicialmente recogía como eje una trágica anécdota que le contó el peón de hacienda Manuel Baca, notable narrador oral que mascaba coca mientras relataba sus historias. El escritor desterrado modificó escenas e incorporó narraciones paternales y los recuerdos de su propia experiencia en la amplia zona definida por la presencia del Río Marañón. La naciente novela circuló entre amigos y buscó infructuosamente un editor con el título de Marañón. Sin respuestas positivas, vuelve a ampliarla para adaptarla a los requisitos del Concurso Nacimiento y la presenta con un nuevo título que será el definitivo.

La novela, cuyos avatares de composición hemos reseñado, obtuvo el premio. La primera edición de La serpiente de oro se publicó en la Editorial Nacimiento en 1935. La carátula presentaba una ilustración del artista gráfico "Esquerriloff", seudónimo que correspondía a Julio Esquerre, amigo del novelista y miembro del célebre Grupo Norte. Entre las simétricas y amarillas ondas del río, hay una mujer desnuda que está sumergiéndose en el agua, ella ocupa el centro del dibujo, en la ribera, brotes de vegetación y algunos cactus enmarcan la escena. En el imaginario de la época, la Naturaleza adoptaba formas femeninas que seducían y espantaban. Sin embargo, la escena representada trasunta un delicado erotismo, las enhiestas formas de los cactus y el ojo implícito aluden al sexo y a la mirada masculina; la mujer, metonimia de la Naturaleza, parece evadir la amenaza y termina hundiéndose en el río dorado. Es evidente que Esquerriloff se ha inspirado en la memorable escena del baño de la mujer deseada por Lucas Vilca: "El Marañón tiñe su cuerpo núbil con un azul de inmensidad. Viene el viento, y el carrizal es una antara de mil voces. La Florinda sigue allí, desnuda, en medio de la naturaleza que la rodea con un gesto de admiración".

Los trágicos cuentos de la selva de Horacio Quiroga, Don Segundo Sombra, la novela de Ricardo Güiraldes que renovó el regionalismo, y Doña Bárbara, a pesar de las simplificaciones ideológicas de Rómulo Gallegos, conforman el marco literario y estético en que se gesta la denominada "novela de la tierra". El problema central de esta corriente es la representación de la Naturaleza, el desafío es convertir el lenguaje artístico, articulado y secuencial, en un medio pertinente para reproducir territorios caóticos e incivilizados.
El escenario de La serpiente de oro es una zona agreste, de tierras fieras y liminales porque el río que nace en el Ande atraviesa sierra y selva ("Por donde el Marañón rompe las cordilleras en un voluntarioso afán de avance, la sierra peruana tiene una bravura de puma acosado"). Las voces ancestrales de los cerros se combinan y se fusionan con el bronco rugido de las torrentosas aguas, se cree fervorosamente en la coca y en la balsa. El valle de Calemar es un microcosmos social mestizo y cholo que vamos conociendo por medio de un conjunto de historias que se van acumulando con distintos caudales, pero dentro del mismo cauce. Así como el río es una divinidad que ha modelado a los hombres del lugar con el agua y la arcilla del mundo, el demiurgo literario modela su creación mediante el lenguaje, la memoria y la imaginación.




Alegría representa la naturaleza como una fuerza omnipotente que establece un tiempo circular y ritual. El río Marañón y la exuberancia de colores, texturas, sonidos del paisaje alcanzan en su primera novela una densidad vital impresionante: "los árboles brillan como nuevos y el río -prieto de lodo, convulsionado de palizadas- es un brochazo torvo en medio de la alegre policromía de la naturaleza".

Oswaldo Martínez de Calderón, el ingeniero limeño, que desea explotar las riquezas naturales de la zona, sufre una alucinación producto del chaccar de coca: imagina que es posible doblegar a la Naturaleza mediante la técnica y el capital. El oro regado en los lavaderos es el objeto de deseo para la futura empresa que articulará Lima y esas olvidadas regiones, pero la Naturaleza se venga y una "serpiente amarilla", la víbora Intiwaraka le pica en el cuello y lo mata. La muerte de ese joven emprendedor que se había aculturado alegoriza el fracaso de la penetración capialista, la intangibilidad sociocultural del territorio: una de las últimas victorias simbólicas de la Naturaleza sobre Lima.

El proyecto novelístico de Alegría encuentra sus límites en la representación del lenguaje del subalterno. Sus diferentes soluciones (transcripción fonética del habla del otro, doble registro lingüístico entre el narrador y los personajes, incisión de palabras de las lenguas nativas o el habla local) nunca alcanzaron la plena cohesión estética. En La serpiente de oro, incluso el mismo personaje, Lucas Vilca, cambia de registro lingüístico: es popular cuando habla, y culto cuando narra.





La voz colectiva que narra la historia "Los cholos de esta historia vivimos en Calemar", se alterna con la voz individual de Luchas Vilca: "Frente a mi choza ondula al viento el plantío de coca", ambas instancias narrativas están representadas en la novela, pero se puede registrar también la voz de un narrador omnisciente que se encuentra fuera de la historia y que no comparte los códigos culturales del mundo representado. Estas tres instancias narrativas no son las únicas ya que también hay otras voces individuales de los personajes de Calemar que narran sus propias historias; por lo tanto, es evidente, la complejidad de recursos narrativos puestos en juego en esta novela.

El crítico Alberto Escobar considera que esta novela ofrece una imagen aglutinadora que incluye hábitos psicológicos y patrones éticos de un conjunto de individuos que poseen la autenticidad de una experiencia particular, pero generalizable. Su mensaje artístico -arguye Escobar- reconduce el sentido del mundo a la realidad del vivir intensamente. Por eso, el Marañón, y la vida se subliman en una imagen tradicional y permanentemente renovada: el río de la vida.

La serpiente de oro constituye la primera experiencia lingüística radical en nuestra tradición narrativa. Nunca antes se había planteado con tanta rigurosidad la problemática representación de la voz de los otros. El texto nos adentra en la selva de las hablas regionales y desde la plataforma de dicho lenguaje construye un cosmos social rudo y heroico donde "hasta la muerte alienta vida".





Velásquez, Marcel. "La naturaleza y el lenguaje. Nota sobre La serpiente de oro". En El Dominical (suplemento de El Comercio, Lima-Perú), 29.07.07
Imágenes: poemasdeunadama.blogspot.com, carlosalmonte.wordpress.com, ellibroviejo.com, amigosdevilla.it

domingo, 17 de mayo de 2009


¿Cuál es la obligación moral del verdadero hombre culto?

Marco Aurelio Denegri sorprende con una pregunta aparentemente simple, pero cuya respuesta cuestiona frontalmente las verdades establecidas. Estimado y culto lector: ¿cumple usted con su obligación moral?


"La obligación moral del verdadero hombre culto -dice el gran novelista Henry Miller- es corromper. Sí, corromper, y corromper especialmente a los jóvenes, a los niños. Hay que salvar a las nuevas generaciones de la obra nefasta de la educación. Hay que abrirles los ojos a nuestros hijos, por fin, después de muchos años de obscurantismo. Los grandes hombres del pasado, Sócrates, Jesús, San Francisco, todos ellos fueron terribles corruptores. Sus palabras y sus ejemplos disgregaron el orden establecido, liberaron los sentimientos reprimidos, dieron nuevo valor a los estímulos de la mente y del cuerpo. Pero ahora nos hallamos en una encrucijada: felicidad o destrucción. El hombre debe elegir".

Imágenes: listal.com


viernes, 15 de mayo de 2009


Los diez mejores poemarios peruanos del siglo XX


A continuación, presentamos la selección realizada por el crítico literario peruano Javier Ágreda para el suplemento Primera semana del diario La Primera (Lima-Perú, 24.08.08). El orden de presentación se basa en la fecha de nacimiento de los autores.
Simbólicas
José María Eguren
Tipografía del la Revista, Lima 1911


La crítica considera a José María Eguren (1874-1922) el fundador de la modernidad en la poesía peruana. Antes de él, todo era retórica declamatoria (neoclásica, romántica o modernista) y la poesía se limitaba a ensalzar sucesos históricos, personajes o paisajes. Pero Eguren era un hombre extraño y solitario que vivía inmerso en su propio mundo interior; un universo en el que coexistían lo gótico y lo infantil, lo lúdico y lo trágico. En Simbólicas, su primer libro, Eguren nos presenta ese peculiar universo en hermosos y enigmáticos poemas dedicados a personajes como "Los reyes rojos", "El duque" o "La tarda". Con ellos llega a nuestra literatura la subjetividad, lo simbólico y la poesía pura.

Trilce

César Vallejo
Taller tipográfico de la Penitenciaría, Lima 1922


Hacia 1920 César Vallejo (1892-1938) ya había publicado su primer poemario, que lo convirtió, en opinión de Mariátegui, en la mayor promesa de nuestras letras. Entonces una serie de confusos incidentes ocasionó que fuera encarcelado por tres meses. En prisión, en la mayor soledad, escribió Trilce, su obra más personal y arriesgada, un conjunto de 77 poemas en los que los más audaces recursos de la vanguardia sirven para expresar la honda humanidad y profundidad de pensamiento del autor. Trilce es una de las obras cumbres de la literatura del siglo XX, a nivel mundial, y aunque sus poemas no tienen título (solo numeración), muchos de ellos son fácilmente identificables por sus versos iniciales, como "Madre, me voy mañana a Santiago".

5 metros de poemas

Carlos Oquendo de Amat
Editorial Minerva, Lima 1927

La vida y obra de Carlos Oquendo de Amat (1905-1936) fueron sumamente breves. Casi todos sus poemas están reunidos en su único libro, 5 metros de poemas, un "libro objeto", vanguardista y sumamente creativo. Todo en estos poemas se relaciona con la experiencia de la vida urbana más moderna y especialmente con el cine: el "metraje" del título, el empleo del espacio y hasta los títulos de los poemas ("Réclame", "Film de los paisajes"). Pero no se trata de un canto a la modernidad; al contrario, el poeta intenta alcanzar a través de estas efímeras y audaces imágenes la inocencia y ternura propias del mundo de la infancia. De ahí que el poema más conocido del libro sea precisamente "Madre".


Travesía de extramares

Martín Adán
Ministerio de Educación Pública, Lima 1950


Rafael de la Fuente Benavides (1908-1985), más conocido por su seudónimo literario de Martín Adán, es uno de los escritores peruanos más eruditos y difíciles. Como Borges, se inició en el vanguardismo (con la novela La casa de cartón, 1928), pero después escribió en los versos y estrofas más tradicionales de la poesía en español. Travesía de extramares es un conjunto de 50 rigurosos sonetos endecasílabos, dedicados cada uno a una obra de Chopin y que desarrollan diversos motivos literarios y filosóficos, presentados en los numerosos epígrafes y citas en alemán, francés, inglés, etc. Estos poemas herméticos y de un deslumbrante virtuosismo formal requieren de lectores especializados.


Las ínsulas extrañas

Emilio Adolfo Westphalen
Compañía de Impresiones y Publicidad, Lima 1933



En la línea de la poesía pura y subjetiva de Eguren, el primer libro de Emilio Adolfo Westphalen (1911-2001) sorprende por la cojunción de recursos propios del surrealimso y de la poesía española clásica (el título proviene de un verso de San Juan de la Cruz), además de una poco común imaginación y libertad en el uso del lenguaje. Son solo nueve poemas, sin títulos ni signos de puntuación, de entre dos y cuatro páginas de extensión, en los que a través de elementos esenciales y con una fuerte carga simbólica (árbol, río, mar, sol) se cra un mundo mítico, en el que se unen lo natural y lo onírico: "La mañana alza el río la cabellera/ Después la niebla la noche..."

Reinos

Jorge Eduardo Eielson
Separata de la revista Historia, Nº 9, Lima 1945


La trayectoria poética de Jorge Eduardo Eielson (1921-2006) es verdaderamente ejemplar: una evolución coherente y de calidad sostenida que va desde el manierismo de sus poemas iniciales hasta el minimalismo de los últimos. Entre sus libros destaca Reinos, su primer poemario y que le hizo merecedor del prestigioso Premio Nacional de Poesía. Es el punto más alto de la "poesía pura" escrita en el Perú, tanto por sus imágenes deslumbrantes (de estirpe simbolista y surrealista) como por el precoz virtuosismo en el manejo de la retórica poética. Reeditado numerosas veces, Reinos contiene textos infaltables en cualquier antología de la poesía peruana, como "Parqu para un hombre dormido" o "Piano de otro mundo".



Canto villano
Blanca Varela
Arybalo, Lima 1978



Blanca Varela (Lima, 1926-2008) es considerada la más importante voz femenina de la poesía peruana del siglo XX. Su primer poemariio, Ese puerto existe (1959), contó con un elogioso y entusiasta prólogo de Octavio Paz; pero es Canto villano el libro "con el que alcanza su más potente madurez", en palabras del poeta Javier Sologuren. Como en el caso de Eielson, al surrealismo de sus primeros poemas le siguió un largo proceso de depuración y ascetismo formal, que en este poemario se suma a una visión muy dura y crítica de la vida cotidiana, en la que priman la angustia y el escepticismo. El poema emblemático de libro es "Curriculum vitae", que en 11 versos breves presenta una imagen sombría del destino humano.



Contra natura
Rodolfo Hinostroza
Barral editores, Barcelona 1971


La poesía de Rodolfo Hinostroza (1941) es la versión erudita y hermética de la poética de la Generación del 60. Tras un largo periodo de formación, que incluye el libro Consejero de lobo, Hinostroza logra en Contra natura (Premio Maldoror, 1971) un excelente poemario, que integra -de una manera que hoy calificaríamos de posmoderna- las citas y referentes literarios, los pasajes de intenso lirismo y los más diversos símbolos, desde matmáticos hasta zodiacales. Sin perder calidad literaria, los poemas de este libro se van haciendo cada vez más complejos y difíciles de leer. De ahí que los más conocidos y antologados sean los primeros: "Gambito de rey" e "Imitación de Propercio".



Canto ceremonial contra un oso hormiguero
Antonio Cisneros
Casa de las Américas, La Habana 1968


Antonio Cisneros (1942) es el autor emblemático de la renovación que significó la generación poética del 60: influencias anglosajonas, lenguaje coloquial y un discurso que integra lo narrativo y lo lírico, lo individual y lo social, lo histórico y lo actual. Todas esas características encuentran su mejor expresión en Canto ceremonial contra un oso hormiguero, un libro orgánico y muy bien estructurado que obtuvo el Premio Casa de las Américas 1968. La rebeldía, el optimismo y el espíritu crítico de la década de 1960 se expresan en poemas tan conocidos como "Karl Marx died 1883 Aged 65" y el épico "Crónica de Chapi, 1965".



Cosas del cuerpo
José Watanabe
El Caballo Rojo, Lima 1999


Surgido en la Generación del 70, José Watanabe (1945-2007) desarrolló lo más importante de su obra a partir de la segunda mitad de la década de 1980. Cosas del cuerpo es el punto más alto de esta poesía, pues conjuga la madurez literaria y personal, la conjunción de elementos occidentales y orientales (el imaginismo anglosajón, el haiku japonés) en una poética centrada en el cuerpo y su materialidad elemental. Las imágenes, rigurosamente trabajadas, dan prioridad a seres casi elementales ("El lenguado", "Las malaguas"), a cuevas y desiertos y hasta a deterioradas estatuas de yeso. Watanabe continuó las propuestas de este libro en La piedra alada (2005) y Banderas detrás de la niebla (2006).



Imágenes: calle52.blogspot.com, hjorgev.wordpress.com, flickr.com, letraslibres.com, letras.s5.com, londres.cervantes.com, pucp.edu.pe, bnp.com.pe

domingo, 3 de mayo de 2009

La evolución del español

Presentamos una interesante entrevista con el poeta Marco Martos, presidente de la Academia Peruana de la Lengua, donde analiza -entre otros temas- el impacto de Internet en la evolución de nuestro idioma.


"¿Usted chatea?", le pregunto a Marco Martos, presidente de la Academia Peruana de la Lengua. Está sentado en su oficina de la Escuela de Posgrado de San Marcos, una casona antigua con techos altos, penetrada con el ruido y el polvo de las obras en el Centro de Lima que un alcalde se resiste a culminar. Intuyo que la pregunta lo incomoda un poco: su locuacidad se frena de pronto.

Difícil imaginar a un académico de la lengua -una especie de caballero templario del idioma- chateando con desenfreno, obviando reglas de gramática y ortografía con ese frenesí que imponen los códigos del chat. El poeta acomoda su asiento, se lleva la mano derecha al mentón y responde con sinceridad: "No sé qué contestar; más no que sí".

"¿Y cuando lo hace es con alguien de la academia?", insisto. "Noooo, yo tengo un espíritu más juvenil", aclara. La imagen de las academias de la lengua española ha sido siempre la de instituciones muy conservadoras y verticales. "Hay muchos académicos que no saben ni entrar a Internet. A la academia entra mucha gente mayor que tiene otras opiniones, incluso sobre el impacto de las nuevas tecnologias", confiesa.

La Internet y los mensajes de texto por celular han impuesto una economía sin precedentes en el lenguaje. En sus códigos se ignoran las vocales: mientras más breve, más rápido; por lo tanto, mejor. La inmediatez obliga a escribir poco, a pensar menos. El telegrama parece ser el perverso antecesor de este ahorro.

"Entiendo pocos mensajes del chat, pero entiendo más que otros", cuenta el poeta. No hace mucho el Ministerio de Educación le consultó con preocupación sobre estos cambios en el lenguaje, y él les dijo que no había peligro: "Es solo un lenguaje particular que se salta las vocales, pero lo usan solo entre jovenes". Él es optimista y se cree que tal amenaza reduccionista del idioma no se convertirá jamás en un hábito generalizado. Otros creen que sí.

Dos personas con educación básica no usan hoy más de 300 palabras en su diálogo; otras dos con mayor instrucción utilizan 500; los universitarios, unas mil. Cifras pequeñas ante la inmensidad del castellano: el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE) reúne 83 mil términos.



Martos diferencia la jerga ("ese lenguaje secreto que puede volverse masivo") de los códigos del chat: "Estos solo se usan sobre esas superficies tecnológicas". Con paciencia de profesor universitario enfatiza en otros temas y cuenta una de sus primeras anécdotas: un peruano va a comprar ropa interior para su esposa en España. La vendedora le pregunta por la talla, y él, que no lo sabía, contesta con pudor: "Ella es como usted". Ante la duda, la vendedora replica: "¿Tiene las tetas como yo?, ¿el culo  como el mío?". Tras el desconcierto, el peruano compró la prenda. "Estos términos son naturales afuera, pero a nosotros son parecen muy fuertes", explica Martos. Sucede que las diferencias regionales en el mismo idioma encierran, además de conceptos, actitudes.

Peruanismos peruanazos. Los peruanos nos pasamos la voz, bajamos la luna, llamamos pendejo al vivo y cojudo al tonto. Pasar la voz es una frase peruana que casi nadie en el extranjero entiende. "Cómo te voy a pasar la voz. Se pasa un paquete, pero no la voz", ríe Martos. Y cuenta: "Iban un peruano y una colombiana en un taxi. 'Hace calor', dice ella. '¿Quieres que te baje la luna?', pregunta él. Ella coqueta, responde: 'Calor que sí, ¿puedes?'". Lo que afuera llaman vidrio, aquí llamamos luna, como el satélite.

En su "Diccionario del amante de América Latina", Vargas Llosa coloca dos ejemplos sobre otras rarezas del castellano peruano. Advierte que el Perú es el único lugar de la región donde la palabrota pendejo quiere decir vivo; cojudo (reducción de cojonudo), imbécil. La definición de ambas palabras en el resto de países sugiere todo lo contrario.

Martos adelanta que la Academia Peruana de la Lengua se ha propuesto elaborar un diccionario oficial con 10 000 peruanismo. Uno de ellos será roche. La historia de esta palabra (y su ya consabido y horroroso verbo arrochar, sacramentado incluso por el diccionario oficial de la RAE) es un buen ejemplo. "En 1925 el roche era un objeto robado en el sur del Perú, después pasó a ser vergüenza por el robo y al final solo se quedó en vergüenza", explica el profesor.

El castellano es el hijo rebelde del latín. Martos dice de aquel que al inicio fue un latín mal hablado. El primer registro de nuestro idioma se encuentra en las montañas de Castilla (España), en el convento de San Millán de la Cogolla, y lo forma un conjunto de documentos denominados Glosas Emilianenses. Fueron escritos dos siglos tantes de que se escribiera el "Mío Cid" (siglo XII) y 700 años antes de que se fundara la Real Academia Española.



Desde ese lejano momento, cada palabra que ingresa o se suprime del DRAE la discute una comisión integrada por rigurosos académicos. La candidata debe tener un uso de seis años y ser hablada en más de dos países.  Una vez, hace varios años, cuando Martos integraba esa comisión de la RAE, llegó a sus manos una propuesta para incluir como chilenismo la frase "a la chorrillana".  Sin salir enteramente de su asombro y sorpresa, explicó a los otros miembros que se trataba, más bien, de un peruanismo: un poderoso plato encebollado con pescado.  El poeta detuvo así la pretenciosa solicitud del vecino del sur.

La ortografía no se jubila.  En todos los idiomas -el castellano no es la excepción- la relación entre letra y sonido es arbitraria y está hecha de inexplicables costumbres.  En nuestro idioma, el pánico ortográfico recae sobre las letras que suenan igual: b, v, s, c.

En 1997, ante el I Congreso Internacional de la Lengua Española, realizado en México, García Márquez lo dijo de la manera más bella, ante los rostros pálidos de los asistentes: "Me atrevería a sugerir que simplifiquemos la gramática antes de que la gramática termine por simplificarnos a nosotros.  Humanicemos sus leyes, asimilemos pronto y bien los neologismos técnicos y científicos antes de que se nos infiltren sin digerir, negociemos de buen corazón con los gerundios bárbaros, los ques endémicos, el dequeísmo parasitario.  Jubilemos la ortografía, terror del ser humano desde la cuna: enterremos las haches rupestres, firmemos un tratado de límites entre la g y la j".



El discurso le costó el rechazo inmediato de Vargas Llosa y Benedetti.  Ambos escritores defendieron con fervor (todavía lo hacen) la necesidad de la ortografía y la gramática para mantener un orden en la comunicación y el lenguaje, aunque ese orden no sea inmóvil.  "Los idiomas están en constante cambio", dice Martos, y recuerda el caso de la palabra abogado.  "Originalmente se escribía con v (advocatus) , y en algún momento varió a la b".

- ¿Puede ser, entonces, que con el tiempo se suprima la b o v, la s o c, o que se fundan en una sola las letras que suenen igual?
- Sí... p uede que García Márquez haya estado loco, pero no tanto, ¿no?, responde el poeta.


El Comercio (Lima-Perú), 19.04.2009
Imágenes: alfonsopinel.wordpress.com, bq.ub.es, viabinaria.com