viernes, 30 de diciembre de 2016

Reyes 11

Y el rey Salomón mismo amó a muchas esposas extranjeras junto con la hija de Faraón, a moabitas, a ammonitas, edomitas, sidonias [e] hititas, de las naciones de las que Jehová había dicho a los hijos de Israel: "Ustedes no deben meterese entre ellas, y ellas mismas no deben meterse entre ustedes; verdaderamente inclinarán el corazón de ustedes a seguir a los dioses de ellas." A ellas se adhirió Salomón para amarlas. Y llegó a tener setecientas esposas, princesas, y trescientas concubinas; y poco a poco sus esposas le inclinaron el corazón. Y al tiempo en que envejeció Salomón aconteció que sus esposas mismas habían inclinado el corazón de él a seguir a otros dioses; y su corazón no resultó completo para con Jehová su Dios como el corazón de David su padre. Y Salomón empezó a ir tras Astoret, la diosa de los sidonios, y tras Milcom, la cosa repugnante de los ammonitas.


Reyes 1

Ahora bien, el rey David se hallaba viejo, avanzado en días; y lo cubrían con prendas de vestir, pero no se calentaba. De modo que sus siervos le dijeron: "Que busquen una muchacha, una virgen, para mi señor el rey, y ella tendrá que atender al rey, para que llegue a ser su enfermera; y tendrá que acostarse en tu seno, y mi señor el rey ciertamente se calentará."


Y ellos se pusieron a buscar una muchacha hermosa por todo el territorio de Israel, y por fin hallaron a Abisag, la sunamita, y entonces la trajeron al rey. Y la muchacha era hermosa en extremo; y llegó a ser la enfermera del rey y siguió atendiéndolo, y el rey mismo no tuvo coito con ella.
Samuel 13 (Libro segundo)

Amnón ultraja a su hermana Tamar

Sucedió después que Absalón, hijo de David, tenía una hermana que era hermosa, llamada Tamar, y Amnón, hijo de David, se prendó de ella. Estaba Amnón tan atormentado que se puso enfermo, porque su hermana Tamar era virgen y le parecía difícil a Amnón hacerle algo. Tenía Amnón un amigo llamado Yonadab, hijo de Simá, hermano de David; era Yonadab hombre muy astuto, y le dijo: "¿Qué te sucede, hijo del rey, que de día en día estás más afligido? ¿No me lo vas a descubrir?" Amnón le dijo: "Estoy enamorado de Tamar, hermana de mi hermano Absalón." Yonadab le dijo: "Acuéstate en tu lecho y fingete enfermo y cuando tu padre venga a verte le dices: Que venga, por favor, mi hermana Tamar a darme de comer; que prepare delante de mí algún manjar para que lo vea yo y lo coma de su mano." Y Amnón se acostó fingiéndose enfermo. Entró el rey a verle y Amnón dijo al rey: "Que venga, por favor, mi hermana Tamar y fría delante de mí un par de frituras y yo las comeré de su mano." David envió a decir a Tamar a su casa: "Vete a casa de tu hermano Amnón y prepárale algo de comer." Fue, pues, Tamar a casa de su hermano, que estaba acostado; tomó harina, la amasó, hizo los pasteles y los puso a freír delante de su hermano; tomó la sartén y la vació delante de él, pero él no quiso comer; y dijo Amnón: "Que salgan todos de aquí." Y todos salieron de allí. Entonces Amnón dijo a Tamar: "Tráeme la comida a la alcoba para que coma de tu mano." Tomó Tamar las frituras que había hecho, se las llevó a su hermano Amnón a la alcoba y se las acercó para que comiese, pero él la sujetó y le dijo: "Ven, acuéstate conmigo, hermana mía." Pero ella respondió: "No, hermano mío, no me fuerces, pues no se hace esto en Israel. No cometas esta infamia. ¿A dónde iría yo deshonrada? Y tú serías como un infame en Israel. Habla, te lo suplico, al rey, que no rehusará entregarme a tí." Pero él no quiso escucharla, sino que la sujetó y forzándola se acostó con ella.


Después Amnón la aborreció con tan gran aborrecimiento que fue mayor su aborrecimiento que el amor con que la había amado. Y le dijo Amnón: "Levántate y vete. " Ella le dijo: "No, hermano mío, por favor, porque si me echas, este segundo mal es peor que el que me hiciste primero." Pero él no quiso escucharla. Llamó al cirado que el servía y le dijo: "Échame a ésta fuera y cierra la puerta tras ella." (Vestía ella una túnica con mangas, porque así vestían antes las hijas del rey que eran vírgenes.) Su criado la hizo salir fuera y cerró la puerta tras ella.

Tamar puso ceniza sobre su cabeza, rasgó la túnica de manas que llevaba, puso sus manos sobre la cabeza y se iba gritando mientras caminaba. Su hermano Absalón le dijo: "¿Es que tu hermano Amnón ha estado contigo? Ahora calla, hermana mía; es tu hermano. No te preocupes de este asunto." Y Tamar quedó desolada en casa de su hermano Absalón.


Cuando el rey David supo todas estas cosas se irritó en extremo, pero no quiso castigar a su hijo Amnón, al que amaba porque era su primogénito. Absalón no dijo a Amnón ni una palabra, ni buena ni mala, pues odiaba Absalón a Amnón porque había humillado a su hermana Tamar.

Samuel 11 (Libro segundo)

Segunda campaña ammonita. Crimen de David

Un atardecer se levantó David de su lecho y se paseaba por el terrado de la casa del rey cuando vio desde lo alto del terrado a una mujer que se estaba bañando. Era una mujer muy hermosa. Mandó David para informarse sobre la mujer y le dijeron: "Es Betsabé, hija de Eliam, mujer de Urías el hitita." David envió  gente que la trajese; llegó donde David y él se acostó con ella, cuando acababa de purificarse de sus reglas. Y ella se volvió a su casa. La mujer quedó embarazada y envió a decir a David: "Estoy encinta."


David mandó decir a Joab: "Envíame a Urías el hitita." Joab envió a Urías adonde David. Llegó Urías donde él y David le preguntó por Joab, y por el ejército y por la marcha de la guerra. Y dijo David a Urías: "Baja a tu casa y lava tus pies." Salió Urías de la casa del rey, seguido de un obsequio de la mesa real. Pero Urías se acostó a la entrada de la casa del rey, con la guardia de su señor, y no bajó a su casa.

Avisaron a David: "Urías no ha bajado a su casa." Preguntó David a Urías: "¿No vienes de un viaje? ¿Por qué no has bajado a tu casa?" Urías respondió a David: "El arca, Israel y Judá habitan en tiendas; Joab mi señor y los siervos de mi señor acampan en el suelo ¿y voy a entrar yo en mi casa para comer, beber y acostarme con mi mujer? ¡Por tu vida y la vida de tu alma, no haré tal!" Entonces David dijo a Urías: "Quédate hoy también y mañana te despediré." Se quedó Urías aquel día en Jerusalén y al día siguiente le invitó David a comer con él y le hizo beber hasta emborracharse. Por la tarde salió y se acostó en el lecho, con la guardia de su señor, pero no bajó a su casa.

A la mañana siguiente escribió David una carta a Joab y se la envió por medio de Urías. En la carta había escrito: "Poned a Urías frente a lo más reñido de la batalla y retiraos de detrás de él para que sea herido y muera." Estaba Joab asediando la ciudad y colocó a Urías en el sitio en que sabía que estaban los hombres más valientes. Los hombres de la ciudad hicieron una salida y atacaron a Joab; cayeron algunos del ejército de entre los veteranos de David; y murió también Urías el hitita.
Samuel 6 (Libro segundo)

El arca en Jerusalén

David danzaba y giraba con todas sus fuerzas ante Yahveh, ceñido de un efod de lino. David y toda la casa de Israel hacían subir el arca de Yahveh entre clamores y resonar de cuernos. Cuando el arca de Yahveh entró en la Ciudad de David, Mikal, hija de Saúl, que estaba mirando por la ventana, vio al rey David saltando y girando ante Yahveh y le despreció en su corazón. Metieron el arca de Yahveh y la colocaron en su sitio, en medio de la tienda que David había hecho levantar para ella y David ofreció holocaustos y sacrificios de comunión en presencia de Yahveh. Cuando David hubo acabado de ofrecer los holocaustos y sacrificios de comunión, bendijo al pueblo en nombre de Yahveh Sebaot y repartió a todo el pueblo, a toda la muchedumbre de Israel, hombres y mujeres, una torta de pan, un pastel de dátiles y un pan de pasas a cada uno de ellos, y se fue todo el pueblo cada uno a su casa.


Cuando se volvía David para bendecir su casa, Mikal, hija de Saúl, le salió al encuentro y le dijo: "¡Cómo se ha cubierto hoy de gloria el rey de Israel, descubriéndose hoy ante las criadas de sus servidores como se descubriría un cualquiera!" Respondió David a Mikal: "En presencia de Yahveh danzo yo. vive Yahveh, el que me ha preferido a tu padre y a toda tu casa para constituirme caudillo de Israel, el pueblo de Yahveh, que yo danzaré ante Yahveh, y me haré más vil todavía; seré vil a tus ojos pero seré honrado ante las criadas de que hablas." Y Mikal, hija de Saúl, no tuvo ya hijos hasta el día de su muerte.

miércoles, 21 de diciembre de 2016

Samuel 18

Matrimonio de David

Dijo Saúl a David: "Voy a darte por mujer a mi hija mayor Merab, tan sólo con que me seas valeroso y luches las batallas de Yahveh." Saúl se había dicho: "Que no muera por mi mano, sino por mano de los filisteos." Dijo David a Saúl: "¿Quién soy yo y cuál es mi linaje, la casa de mi padre en Israel, para ser yerno del rey?" Pero cuando llegó el tiempo de entregar a Merab, la hija de Saúk, a David, fue entregada a Adriel de Mejolá.


Mikal,  hija de Saúl, se enamoró de David; se lo dijeron a Saúl y le agradó la noticia. Dijo Saúl: "Se la entregaré, pero será para él un lazo, pues caerá sobre él la mano de los filisteos." (Saúl, pues, dijo dos veces a David: "Ahora serás mi yerno.") Ordenó Saúl a sus servidores: "Insinuad a David: Mira que el rey te estima; también te estiman todos sus servidores; procura ser yerno del rey." Los servidores de Saúl dijeron estas palabras a oídos de David y David replicó: "¿Os parece sencillo ser yerno del rey? Yo soy un hombre pobre y ruin." Comunicaron a Saúl sus servidores: "Estas palabras ha dicho David." Respondió Saúl: "Decid así a David: No quiere el rey dote, sino cien prepucios de filisteos para vengarse de los enemigos del rey." Tramaba el rey hacer sucumbir a David a mano de los filisteos.

Los servidores comunicaron a David estas palabras y la cosa pareció bien a David para llegar a ser yerno del rey. No se había cumplido el plazo, cuando se levantó David y partió con sus hombres. Mató a los filisteos doscientos hombres y trabajo David sus prepucios que entregó cumplidamente al rey para ser yerno del rey. Saúl le dio a su hija Mikal por mujer

sábado, 12 de julio de 2014

Jueces 19

Levita hospedado por padre de concubina

Ahora bien, sucedía que en aquellos días no había rey en Israel.  Y aconteció que cierto levita estaba residiendo por un tiempo en las partes más remotas de la región montañosa de Efraín.  Con el tiempo tomó por esposa a una concubina de Belén de Judá.  Y su concubina empezó a cometer fornicación contra él.  Por fin se fue de él a la casa de su padre en Belén de Judá, y continuó allí cuatro meses completos.  Entonces su esposo se levantó y se fue tras ella para hablarle consoladoramente para traerla de vuelta; y estaban con él su servidor y un par de asnos.  De modo que ella lo hizo entrar en la casa de su padre.  Cuando el padre de la joven llegó a verlo, en seguida se regocijó de recibirlo.  Por consiguiente, su suegro, padre de la joven, se asió de él, de modo que él continuó morando con él tres días; y comían y bebían, y él pasaba la noche allí.

Y al cuarto día, cuando se levantaron muy de mañana como siempre, aconteció que él se levantó ahora para irse, pero el padre de la joven dijo a su yerno: "Sustenta tu corazón con un poquito de pan, y después pueden irse".  De modo que se sentaron, y ambos se pusieron a comer y beber juntos; después de lo cual el padre de la joven dijo al hombre: "Ven, por favor, y pasa aquí la noche, y que tu corazón se sienta bien".  Cuando el hombre se levantó para irse, su suegro siguió rogándole, de modo que volvió a pasar la noche allí.


Cuando se levantó muy de mañana al quinto día para irse, el padre de la joven entonces dijo: "Por favor, toma sustento para tu corazón".  Y se demoraron hasta el desvanecimiento del día.  Y los dos siguieron comiendo.  Ahora se levantó el hombre para irse, él y su concubina y su servidor; pero su suegro, padre de la joven, le dijo: "!Ea, mira! El día ha declinado hacia anochecer.  Por favor, pasen aquí la noche.  Aquí el día va asentándose. Pasa aquí la noche, y que tu corazón se sienta bien.  Y mañana tienen que levantarse temprano para su viaje, y tendrás que irte a tu tienda".  Sin embargo, el hombre no consintió en pasar la noche allí, sino que se levantó y se puso en marcha, y llegó hasta enfrente de Jebús, es decir, Jerusalén; y con él estaban el par de asnos aparejados, y su concubina y su servidor.

Al hallarse cerca de Jebús, puesto que la luz del día había bajado considerablemente, el servidor ahora dijo a su amo: "Ven, sí, por favor, y desviémonos a esta ciudad de los jebuseos y pasemos la noche en ella".  Pero su amo le dijo: "No nos desviemos a una ciudad de extranjeros que no son parte alguna de los hijos de Israel; y tenemos que pasar adelante hasta Guibeah.  Y pasó a decir a su servidor: "Ven, y acerquémonos a uno de los lugares, y tendremos que pasar la noche en Guibeah o en Ramá".  De modo que pasaron adelante y siguieron caminando, y el sol empezó a ponérseles cuando se hallaban cerca de Guibeah, que pertenece a Benjamín.

Por consiguiente, se desviaron hacia allá para entrar a pasar la noche en Guibeah.  Y procedieron a entrar y sentarse en la plaza pública de la ciudad, y no hubo nadie que los acogiera en la casa para pasar la noche.  Con el tiempo, !mire!, un hombre de edad venía de su trabajo en el campo, al atardecer, y el hombre era de la región montañosa de Efraín, y estaba residiendo por un tiempo en Guibeah; pero los hombres del lugar eran benjamitas.  Cuando este alzó los ojos llegó a ver al hombre, al viajero, en la plaza pública de la ciudad.  De modo que el hombre de edad dijo: "A dónde vas y de dónde vienes?"  A su vez, él le dijo: "Estamos de paso desde Belén de Judá hasta las partes más remotas de la región montañosa de Efraín.  De allí soy yo, pero fui a Belén de Judá; y es a mi propia casa adonde voy, y no hay nadie que  me acoja en la casa.  Y hay tanto paja como forraje para nuestros asnos, y hay tanto pan como vino para mí y tu esclava y para el servidor que está con tu siervo.  No hace falta cosa alguna".  Sin embargo, el hombre de edad dijo: "!Que tengas paz!" Simplemente deja que lo que te falte esté sobre mí.  Solo que no pases la noche en la plaza pública".  Con eso, lo introdujo en su casa y echó una mezcla de granos molidos a los asnos.  Entonces ellos se lavaron los pies y se pusieron a comer y beber.


Mientras estaban haciendo que su corazón se sintiera bien, !mire!, los hombres de la ciudad, hombres que simplemente no servían para nada, cercaron la casa, empujándose unos a otros contra la puerta; y siguieron diciendo al hombre de edad, dueño de la casa: "Saca al hombre que entró en tu casa, para que tengamos ayuntamiento con él".  Con eso, el dueño de la casa salió a donde ellos y les dijo: "No, hermanos míos, no hagan nada malo, por favor, puesto que este hombre ha entrado en mi casa.  No cometan esta locura deshonrosa.  Aquí están mi hija virgen y la concubina de él.  Déjenme sacarlas, por favor, y fuércenlas y háganles lo que sea bueno a los ojos de ustedes.  Pero a este hombre no le deben hacer esta cosa deshonrosa y loca".

Y los hombres no quisieron escucharle.  Por lo tanto el hombre asió a su concubina y la sacó afuera a donde ellos; y ellos empezaron a tener coito con ella, y siguieron abusando de ella toda la noche hasta la mañana, después de lo cual la enviaron al ascender el alba.  Entonces la mujer vino al despuntar la mañana, y cayó a la entrada de la casa del hombre donde estaba su amo..., hasta la luz del día.  Más tarde su amo se levantó por la mañana y abrió las puertas de la casa y salió para seguir su camino, y, !mire!, !la mujer, su concubina, caída a la entrada de la casa con las manos sobre el umbral!  De modo que él le dijo: "Levántate, y vámonos".  Pero no hubo quien contestara.  Por lo cual el hombre la puso sobre el asno y se levantó y se fue a su lugar.


Entonces entró en su casa y tomó el cuchillo de deguello y asió a su concubina y la cortó según sus huesos en doce trozos, y la envió a todo territorio de Israel.  Y ocurrió que todo el que lo veía, decía: "Cosa semejante a esta nunca se ha efectuado ni se ha visto desde el día en que los hijos de Israel subieron de la tierra de Egipto hasta el día de hoy.  Fijen su corazón en ellos, tomen consejo y hablen".

sábado, 29 de marzo de 2014

Josué 5

La circuncisión de los hebreos en Guilgal

En aquel tiempo dijo Yahveh a Josué: "Hazte cuchillos de pedernal y vuelve a circuncidar (por segunda vez) a los israelitas." Josué se hizo cuchillos de pedernal y circuncidó a los israelitas en el Collado de los Prepucios.



Por este motivo hizo Josué esta circuncisión: toda la población masculina salida de Egipto, los útiles para la guerra, había muerto en el desierto, por el camino, después de la salida de Egipto. Estaba circuncidada toda la población que había salido, pero el pueblo nacido en el desierto, de camino, después de la salida de Egipto, no había sido circuncidado. Porque durante cuarenta años anduvieron los israelitas por el desierto, hasta que pereció toda la nación, los hombres salidos de Egipto útiles para la guerra. No obedecieron a la voz de Yahveh y Yahveh les juró que no les dejaría ver la tierra que había prometido a sus padres que nos daría, tierra que mana leche y miel. En su lugar puso a sus hijos y estos son los que Josué circuncidó, porque eran incircuncisos, ya que no los habían circuncidado por el camino. Cuando acabó de circuncidarse toda la gente, se quedaron donde estaban en el campamento hasta que se curaron. Y dijo Yahveh a Josué: "Hoy os he quitado de encima el oprobio de Egipto." Por eso se llamó aquel lugar Guilgal, hasta el día de hoy.
Exodo 22


Violación de una virgen.
Si un hombre seduce a una virgen, no desposada, y se acuesta con ella, le pagará la dote, y la tomará por mujer. Y si el padre de ella no quiere dársela, el seductor pagará el dinero de la dote de las vírgenes.


Leyes morales y religiosas.

A la hechicera no la dejarás con vida.
Todo el que peque con bestia morirá.
Génesis 39
José y la seductora

Tiempo más tarde sucedió que la mujer de su señor se fijó en José y le dijo: "Acuéstate conmigo." Pero él rehusó y dijo a la mujer de su señor: "He aquí que mi señor no me controla nada de lo que hay en su casa, y todo cuanto tiene me lo ha confiado. No es él mayor que yo en esta casa? Y sin embargo, no me ha vedado absolutamente nada más que a ti misma, por cuanto eres su mujer. Cómo entonces voy a hacer este mal tan grande, pecando contra Dios?". Ella insistía en hablar a José día tras día, pero él no accedió a acostarse y estar con ella.

Hasta que cierto día entró él en la casa para hacer su trabajo y coincidió que no había ninguno de casa allí dentro. Entonces ella le asió de la ropa diciéndole: "Acuéstate conmigo." Pero él, dejándole su ropa en la mano, salió huyendo afuera. Entonces ella, al ver que había dejado la ropa en su mano, huyó también afuera y gritó a los de su casa diciéndoles: -!Mirad! Nos ha traído un hebreo para que se burle de nosotros. Ha venido a mí para acostarse conmigo, pero yo he gritado, y al oírme levantar la voz y gritar, ha dejado su vestido a mi lado y ha salido huyendo afuera."


Ella depositó junto a sí el vestido de él, hasta que vino su señor a casa, y le repitió esto mismo: "Ha entrado a mí ese siervo hebreo que tú nos trajiste, para abusar de mí; pero yo he levantado la voz y he gritado, y entonces ha dejado su ropa junto a mí y ha huido afuera." Al oír su señor las palabras que acababa de decirle su mujer: -"Esto ha hecho conmigo tu siervo" -se encolerizó. Y el señor de José le prendió y le puso en la cárcel, en el sitio donde estaban los detenidos del rey.

jueves, 26 de diciembre de 2013

Génesis 38
Historia de Judá y Tamar



Por aquel  tiempo bajó Judá de donde sus hermanos para dirigirse a cierto individuo de Adul-lam llamado Jirá. Allí conoció Judá a la hija de un cananeo llamado Súa, y tomándola por esposa se llegó a ella; ella concibió y dio a luz un hijo, al que llamó Er. Volvió a concebir y dio a luz a otro hijo, al que llamó Onán. Nuevamente dio a luz otro hijo, al que llamó Selá. Ella se encontraba en Akzib al darle a luz.

Judá tomó para su primogénito Er a una mujer llamada Tamar. Er, el primogénito de Judá, fue malo a los ojos de Yahveh, y Yahveh le hizo morir. Entonces Judá dijo a Onán: "Cásate con la mujer de tu hermano y cumple como cuñado con ella, procurando descendencia a tu hermano". Onán sabía que aquella descendencia no sería suya, y así, si bien tuvo relaciones con su cuñada, derramaba a tierra, evitando el dar descendencia a su hermano. Pareció mal a Yahveh lo que hacía y le hizo morir también a él. Entonces dijo Judá a su nuera Tamar: "Quédate como viuda en casa de tu padre hasta que crezca mi hijo Selá". Pues se decía: "Por si acaso muere también él, lo mismo que sus hermanos". Tamar se fue y quedó en casa de su padre.

Pasaron muchos días, y murió la hija de Súa, la mujer de Judá. Cuando Judá se hubo consolado, subió a Timná para el trasquileo de su rebaño, junto con Jirá su compañero adulamita. Se lo notificaron a Tamar. "Oye, tu suegro sube a Timná para el trasquileo de su rebaño". Entonces ella se quitó de encima sus ropas de viuda y se cubrió con el velo, y bien disfrazada se sentó en Petaj Enáyim, que está a la vera del camino de Timná. Veía, en efecto, que Selá había crecido, pero que ella no le era dada por mujer.




Judá la vio y la tomó por una ramera, porque se había tapado el rostro, y desviándose hacia ella dijo: "Déjame ir contigo -pues no la reconoció como su nuera. Dijo ella: "¿Y qué me das por venir conmigo?" -"Te mandaré un cabrito de mi rebaño". -Si me das prenda hasta que me lo mandes...". -"¿Qué prenda he de darte?". -"Tu sello, tu cordón y el bastón que tienes en la mano". Él se lo dio y se unió a ella, la cual quedó encinta de él. Entonces se marchó ella y, quitándose el velo, se vistió sus ropas de viuda.

Judá, por su parte, envió el cabrito por mediación de su compañero el adulamita, para rescatar la prenda de manos de la mujer, pero éste no la encontró. Preguntó a los del lugar: "¿Dónde está la ramera aquella que había en Enáyim, a  la vera del camino?" -"Ahí no ha habido ninguna ramera"-dijeron. Entonces él se volvió donde Judá y dijo: "No la he encontrado; y los mismos lugareños me han dicho que allí no ha habido ninguna ramera". "Pues que se quede con ello -dijo Judá-; que nadie se burle de nosotros. Ya ves cómo he enviado ese cabrito, y tú no la has encontrado".

Ahora bien, como a los tres meses aproximadamente, Judá recibió este aviso: "Tu nuera Tamar ha fornicado, y lo que es más, ha quedado encinta a consecuencia de ello". Dijo Judá: "Sacadla y que sea quemada". Pero cuando ya la sacaban, envió ella un recado a su suegro: "Del hombre a quien esto pertenece estoy encinta", y añadía: "Examina, por favor, de quién es este sello, este cordón y esta bastón". Judá lo reconoció y dijo: "Ella tiene más razón que yo, porque la verdad es que no la he dado por mujer a mi hijo Selá". Y nunca más volvió a tener trato con ella.

Al tiempo del parto resultó que tenía dos mellizos en el vientre. Y ocurrió que, durante el parto, uno de ellos sacó la mano, y la partera le agarró y le ató una cinta escarlata a la mano, diciendo: "Éste ha salido primero". Pero entonces retiró él la mano, y fue su hermano el que salió. Ella dijo: "¡Cómo te has abierto brecha!". Y le llamó Peres. Detrás salió su hermano, que llevaba en la mano la cinta escarlata, y le llamó Zéraj.



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Génesis 19
Origen de los moabitas y ammonitas



Subió Lot desde Soar y se quedó a vivir en el monte con sus dos hijas, temeroso de vivir en Soar. Él y sus dos hijas se instalaron en una cueva.

La mayor le dijo a la pequeña: "Nuestro padre es viejo y no hay ningún hombre en el país que se una a nosotras, como se hace en todo el mundo. Ven, vamos a propinarle vino a nuestro padre, nos acostaremos con él y así engendraremos descendencia". En efecto, propinaron vino a su padre aquella misma noche, y entró la mayor y se acostó con su padre, sin que él se enterase de cuándo ella se acostó ni cuándo se levantó. Al día siguiente dijo la mayor a la pequeña: "Mira, yo me he acostado anoche con mi padre. Vamos a propinarle vino también esta noche, y entras tú a acostarte con él, y así engendraremos de nuestro padre descendencia".

Propinaron, pues, también aquella noche vino a su padre, y levantándose la pequeña se acostó con él, sin que él se enterase de cuándo ella se acostó ni cuándo se levantó. Las dos hijas de Lot quedaron encinta de su padre. La mayor dio a luz un hijo, y le llamó Moab: es el padre de los actuales moabitas. La pequeña también dio a luz un hijo, y le llamó Ben Ammí: es el padre de los actuales ammonitas.