lunes, 8 de octubre de 2007


La bomba rubia

Los años sesenta la muy norteamericana revista Selecciones del Reader's Digest publicó un texto condensado con el título: "Agosto de 1945, trágico comienzo de una época". A continuación reproducimos el artículo de un periodista peruano sobre un aniversario más de la masacre de Hiroshima, publicado en su columna diaria del diario La Primera. Para leer, reflexionar y transmitir.

"Ayer, Hiroshima volvió a recordar la bomba que la borró del mapa en 1945. Alguna vez estuve en esa ciudad, invitado por el gobierno japonés, y visité el imponente Museo de la Paz.
Lo que vi me dejó estupefacto. Vi una caja fuerte gigantesca que parecía haber sido estrujada por una fuerza colosal. Era la caja fuerte del Banco de Hiroshima, sobre cuyo domo estalló el artefacto bautizado como Niñito y que equivalía a veinte mil toneladas de dinamita.
A las puertas de ese banco, esperando a que abriera sus puertas, a las 8:16 minutos de aquella mañana del 6 de agosto de 1945, se encontraba un indigente sentado en una escalera. De él sólo quedó una mancha grasienta dibujada en tres escalones que fueron sacados de su lugar y puestos en el museo con el nombre de Sombra sobre una piedra. Fue uno de los miles de evaporados en los primeros milisegundos de la explosión.



Vi anteojos calcinados, cántaros de metal derretidos, fotos de quemados en llaga viva, niños con las pieles colgando, estadísticas de la leucemia galopante que fue la derivación más recurrente de la radiación. Vi el mal en dosis superlativa, vi a la bestia que reina en la creación ejerciendo su poder, vi al mal repetido en un caballo campesino que encaneció de pronto a pesar de estar a diez kilómetros del centro de la explosión.
Hay quienes creen que el napalm se inventó para la guerra de Vietnam. No es cierto. Las bombas de napalm fueron las que en 1945 devastaron Tokio con incendios que cubrieron más de la mitad de la capital japonesa. Estados Unidos no quería ganar la guerra: sus halcones demandaban humillar y desaparecer al enemigo. Y ya no se trataba de blancos militares sino del terror contra los civiles, terror lanzado desde los 9000 metros que podían alcanzar los B-29. Terror impune, com el de hoy en Irak o Afganistán.
Sólo el 10 de marzo del 45 Estados Unidos lanzó sobre Tokio 412 500 bombas de napalm, arrasando con el 50 por ciento de la ciudad, matando a 100 000 japoneses y logrando temperaturas de 800 grados centígrados en los blancos mayores -casi todos civiles-.




Japón estaba exánime. Lo único que pedía era rendirse con algunas condiciones, es decir con cierto sentido del honor. Lo planteó así a través de los soviéticos. Kantario Suzuki, el primer ministro, sabía que la guerra se había perdido un año atrás.
Truman escogió el fuego. Churchill ya le había dicho que sí, que lanzara la bomba. La verdad es que necesitaban probar cuán lejos había llegado eso de bombardear con neutrones los núcleos pesados del uranio 235 o del plutonio 239.
Y lo probaron con creces. La bomba no tocó ningún blanco militar importante, ni el puerto ni las plantas industriales de la ciudad de Hiroshima, sede del segundo ejército nipón.
El plan era lanzar la bomba de uranio 235 armada por el equipo de Oppenheimer en el centro de la ciudad, es decir donde más bajas civiles podía causar. Y reventaría a 640 metros de altura porque así podría matar mejor. Los paracaídas amarillos que cayeron con ella eran censores que debían medir sus efectos.
Primero fue una enormidad violácea que derivaría de inmediato al blanco enceguecedor. El núcleo de la explosión alcanzó los 50 millones de grados centígrados. Trescientos metros a la redonda fueron disueltos por el calor y, de inmediato, la bola primaria alcanzó el tamaño suficiente, la presión necesaria y el calor difuso indispensable para matar a 80 000 japoneses en un zarpazo de cinco segundos de infierno puro.
La onda expansiva fulminó toda vida a dos y medio kilómetros de distancia y las alteraciones de la presión atmosférica produjeron vientos calcinantes que llegaron a dispararse a 800 kilómetros por hora. Cuatro segundos después de la explosión la masa de gel incandescente empezó a subir, formando el hongo que ya se había dibujado en Alamogordo y succionando miles de metros cúbicos de oxígeno. Los sobrevivientes dijeron que todo olía a plomo derretido.
Cinco kilómetros cuadrados de Hiroshima -los más densamente poblados- se convirtieron en ceniza instantánea. Los vientos asesinos de 500 grados centígrados, transportados por la onda de choque, subieron el radio de la devastación a 10 kilómetros. El 92 por ciento de las edificaciones de material noble de Hiroshima había colapsado y el pasto tuvo iridiscencias rojas.



Luego vino la lluvia negra, un manto de radiactividad y carboncillo menudo de todos los cadáveres ascendidos a la atmósfera.
Para decirlo con las palabras que ayer pronunciara el alcalde de Hiroshima: 'Los sobrevivientes envidiaron a los muertos'.
De visita en ese museo me di de bruces con la historia: millones de cadáveres, asesinos condecorados, malditos que debemos recordar cuando buscamos alguna calle".

Hildebrandt, C. En La Primera, 07.08.2007
Fotos: segundaguerramundial.com, portalplanetasedna
y blog No creo en ti
Diccionario cruel

En este nuevo post les presentamos algunas de las agudas e irónicas observaciones del célebre escritor y periodista Ambrose Bierce.


Niñez: periodo de la vida humana intermedio entre la idiotez de la primera infancia y la locura de la juventud.

Océano: extensión acuática que ocupa dos tercios del mundo hecho para el hombre que, casualmente, carece de branquias.

Ociosidad: granja modelo donde el diablo experimenta las semillas de nuevos pecados y vicios básicos.

Oratoria: conspiración entre el lenguaje y la acción para defraudar el entendimiento.

viernes, 28 de septiembre de 2007

¿Quién fue, en su opinión, el científico más grande que jamás existió?

Gran divulgador de la ciencia y autor de novelas y relatos de ciencia ficción, Asimov emite aquí una opinión para discutir.

Si la pregunta fuese "¿Quién fue el segundo científico más grande?" sería imposible de contestar. Hay por lo menos una docena de hombres que, en mi opinión, podrán aspirar a esa segunda plaza. Entre ellos figurarían, por ejemplo, Albert Einstein, Ernest Rutherford, Niels Bohr, Louis Pasteur, Charles Darwin, Galileo Galilei, J. Clerk Maxwell, Arquímedes y otros.

Incluso es muy probable que ni siquiera exista eso que hemos llamado el segundo científico más grande. Las credenciales de tantas y tantos son tan buenas y la dificultad de distinguir niveles de mérito es tan grande, que al final quizá tendríamos que declarar un empate entre diez o doce.




Pero como la pregunta es "¿Quién es el más grande?", no hay problema alguno. En mi opinión, la mayoría de los historiadores de la ciencia no dudarían en afirmar que Isaac Newton fue el talento científico más grande que jamás haya visto el mundo. Tenía sus fallas, viva el cielo: era un mal conferenciante, tenía algo de cobarde moral y de llorón autocompasivo y de vez en cuando era víctima de serias depresiones. Pero como científico no tenía igual.

Fundó las matemáticas superiores después de elaborar el cálculo. Fundó la óptica moderna mediante sus experimentos de descomponer la luz blanca en los colores del espectro. Fundó la física moderna al establecer las leyes del movimiento y deducir sus consecuencias. Fundó la astronomía moderna estableciendo la ley de la gravitación universal.

Cualquiera de estas cuatro hazañas habría bastado por sí sola para distinguirle como científico de importancia capital. Las cuatro juntas le colocan en primer lugar de modo incuestionable.

Pero no son sólo sus descubrimientos lo que hay que destacar en la figura de Newton. Más importante aún fue su manera de presentarlos.

Los antiguos griegos habían reunido una cantidad ingente de pensamiento científico y filosófico. Los nombres de Platón, Aristóteles, Euclides, Arquímedes y Ptolomeo habían descollado durante dos mil años como gigantes sobre las generaciones siguientes. Los grandes pensadores árabes y europeos echaron mano de los griegos y apenas osaron exponer una idea propia sin refrendarla con alguna referencia a los antiguos. Aristóteles, en particular, fue el "maestro de aquellos que saben".

Durante los siglos XVI y XVII, una serie de experimentadores, como Galileo y Robert Boyle, demostraron que los antiguos griegos no siempre dieron con la respuesta correcta. Galileo, por ejemplo, tiró abajo las ideas de Aristóteles acerca de la física, efectuando el trabajo que Newton resumió más tarde en sus tres leyes del movimiento. No obstante, los intelectuales europeos siguieron sin atreverse a romper con los durante tanto tiempo idolatrados griegos.





Luego, en 1687, publicó Newton sus Principia Mathematica, en latín (el libro científico más grande jamás escrito, según la mayoría de los científicos). Allí presentó sus leyes del movimiento, su teoría de la gravitación y muchas otras cosas, utilizando las matemáticas en el estilo estrictamente griego y organizando todo de manera impecablemente elegante. Quienes leyeron el libro tuvieron que admitir que al fin se hallaban ante una mente igual o superior a cualquiera de las de la Antigüedad, y que la visión del mundo que presentaba era hermosa, completa e infinitamente superior en racionalidad e inevitabilidad a todo lo que contenían los libros griegos.

Ese hombre y ese libro destruyeron la influencia paralizante de los antiguos y rompieron para siempre el complejo de inferioridad intelectual del hombre moderno.

Tras la muerte de Newton, Alexander Pope lo resumió todo en dos líneas:
"La Naturaleza y sus leyes permanecían ocultas en la noche. Dijo Dios: ¡Sea Newton! Y todo fue luz".

Asimov, I. (1973). Cien preguntas básicas sobre la ciencia.
Fotos: Física en Murcia y Centro de Ciencia Principia

domingo, 23 de septiembre de 2007


Malcolm Lowry

La atormentada lucidez del alcoholizado cónsul Firmin y de sus alteragonistas en la notable novela Bajo el volcán.

"... ¿qué belleza puede compararse a la de una cantina en las primeras horas de la mañana? ¿Tus volcanes allá afuera? ¿Tus estrellas? ... ¿Ras Algethi? ¿Antares enfurecida en el sur sudeste? Perdóname, pero no. No son tan hermosas como por fuerza lo es esta cantina que -decadencia de mi parte- acaso no sea propiamente una cantina; pero piensa en todas aquellas terribles cantinas en donde enloquece la gente, las cantinas que pronto estarán alzando sus persianas, porque ni las mismas puertas del cielo que se abrieran de par en par para recibirme podrían llenarme de un gozo celestial tan complejo y desesperanzado como el que me produce la persiana de acero que se enrrolla con estruendo, como el que me dan las puertas sin candado que giran en sus goznes para admitir a aquellos cuyas almas se estremecen con las bebidas que llevan con mano trémula hasta sus labios. Todos los misterios, todas las esperanzas, todos los desengaños, sí, todos los desastres existen aquí, detrás de esas puertas que se mecen".





"¡Por Dios!, si nuestra civilización tornara a la sobriedad por un par de días, al tercero, moriría de remordimiento".



"El comunismo no es para mí, esencialmente, y sea cual sea su fase actual, un sistema. Es tan sólo una nueva actitud, algo que podrá parecer o no algún día tan natural como el aire mismo que respiramos".

Lowry, M. Bajo el volcán
Fotos: x-lilo y Jornada Semanal

miércoles, 12 de septiembre de 2007


La saga de Anacarsis Klooth

"Recordó haber leído en una de las volcánicas páginas de Carlyle el destino de aquel Anacharsis Cloots, devoto de la diosa Razón, que a la cabeza de treinta y seis extranjeros habló como 'orador del género humano' ante una asamblea de París.
Movido por su ejemplo don Alejandro concibió el propósito de organizar un Congreso del Mundo que representaría a todos los hombres de todas las naciones".

Borges, J. El Congreso


"En el Pequod, casi todos eran isleños; 'aislados' también llamo yo a los que no reconocen el continente común de los hombres, sino que cada 'aislado' vive en un continente propio por separado. Pero ahora, federados a lo largo de una quilla, ¡qué grupo eran esos 'aislados'! Una representación a lo Anacarsis Clootz, de todas las islas del mar y todos los confines de la tierra, acompañando al viejo Ahab a presentar las querellas del mundo ante ese tribunal del cual no volverían jamás muchos de ellos".

Melville, H. Moby Dick



El barón prusiano Jean Baptiste Clootz (1755 - 1794) se cambió el nombre por el de "Anacarsis" y titulándose "Orador de la Raza Humana", apareció ante la Asamblea Legislativa revolucionaria de 1792, con un grupo de representantes de diversos países.

Foto: Wikipedia

jueves, 6 de septiembre de 2007

Si un arbol se mueve

Curioso video inspirado en un hermoso poema de Humberto Ak'abal


Cuento de horror

La mujer que amé se ha convertido en fantasma.

Yo soy el lugar de las apariciones.


Arreola, J.J. (1980). Palíndroma. México: Joaquí Mortiz.

miércoles, 5 de septiembre de 2007


Nosotros los peruanos

El texto que citamos a continuación es uno de los tres fragmentos seleccionados por Abelardo Oquendo de las cartas que el poeta español Pedro Salinas envió desde Lima (setiembre, 1947) a su esposa. Así, a través de la mirada de un extranjero podemos comprender mejor los dos mundos que habitan en nosotros y, en vez de avergonzarnos de nuestro origen, valorarlo en todo aquello que tiene de grande y que genera admiración y respeto a nivel mundial.




"Fui al Museo Arqueológico. ¡Qué mundo extraño y misterioso se le descubre a uno! Cómo se comprende el drama que llevan encima estas gentes. Porque no es solo la cultura de los incas la que destruyó Pizarro, no. Son muchas otras culturas anteriores, de las que quedan vestigios curiosísimos. Sobre todo telas y cerámicas. Pero tanto en los tejidos como en los cacharros se revela una concepción del mundo y de la vida mágica, extraña, infinitamente lejos de nosotros. ¡Qué maravilla!
(...) Salí trastornado de la inmersión en ese mundo (...) Estas gentes tienen los dos mundos dentro, y no hay duda de que se debaten del uno al otro, trágicamente. Los voy conociendo mejor y con más respeto".

Oquendo, A. Lima, 1947. Tres apuntes de Salinas. En La República, 29.07.2007
Foto: Corona mochica - Xblog

domingo, 2 de septiembre de 2007


Día del blog

Si bien nuestra entrada en el mundo cibernético es reciente, los siguientes blogs nos han causado una grata impresión (en orden alfabético):

El blog del morsa

Globalizado

Pedablogia


Los dos primeros son peruanos y comentan sobre temas diversos: política, cultura, música, literatura, noticias de actualidad, ciencia ficción, fútbol, etc. Cada uno lo hace con un estilo particular, pero todos con bastante agudeza y lucidez, desnudando temas tan polémicos como el del Hi5, el mito sobre el consumo de drogas en A. Latina, o la solidaridad del ser humano.

El tercero es el blog del profesor y escritor chileno Benedicto González, donde se puede acceder a diversos temas de vital interés para la actividad docente: comprensión lectora, constructivismo, nuevas tecnologías aplicadas a la educación, seminarios socráticos, etc. Con prosa clara y un estilo muy didáctico, el profesor González nos motiva para continuar investigando y mejorando en nuestra labor como maestros.


¡Feliz día a todos ustedes!

jueves, 30 de agosto de 2007

Los celtas: fábula, mito y fantasía

En todos los pueblos del mundo se han creado relatos plenos de imaginación y fantasía; relatos que señalan una concepción del mundo y un orden en las cosas. Las fabulosas narraciones celtas son parte de esta insuperable riqueza, y sirvieron de "fuente de inspiración" al sudafricano Tolkien para escribir El Señor de los Anillos.


I

"El poema épico irlandés primitivo más bello es el Taín Bó Cualgne. En él se relata la rivalidad entre la diosra reina Medb y su marido Ailill por la posesión de un espléndido toro divino, el Donn de Cualgne..."

"Hay muchos ejemplos de mujeres celtas que alcanzaron el poder y desempeñaron un importante papel en la vida social. Reinas bretonas históricas, como Boadicia y Cartimandua, se impusieron en sus respectivos reinos gracias a la prudencia, la audacia y la autoridad que les eran connaturales.

En realidad, esta situación particular de la mujer en las sociedades de tipo céltico proviene de la imagen que los celtas se forjaron de este misterioso ser, a la vez placentero y terrible, dotado del poder de dar la vida. Toda la tradición céltica, galesa, irlandesa y bretona, insiste en el carácter soberano de la mujer.

La epopeya irlandesa, recopilada a partir del siglo IX, nos presenta un personaje que se sale de lo común, el de Mebd, reina mítica de Connaught, Irlanda, que es la encarnación de una soberanía que ella dispensó no sólo a su marido, el rey Ailill, sino también a sus numerosos amantes, a quienes, como dicen con gracejo los antiguos textos, 'prodigaba la amistad de sus muslos'.

Esta descripción, que nos legaron los autores de las epopeyas irlandesas, se ve corroborada por los testimonios de escritores de la antigüedad grecorromana, que quedaron sorprendidos por el temible aspecto y la ardiente personalidad de las mujeres galas, siempre dispuestas a intervenir en cualquier querella para defender sus derechos y los de su marido, llegando incluso a tomar parte en los combates como furias desencadenadas".

Ross, A. y Markale, J. Los celtas. En El Correo de la Unesco. Diciembre, 1975


II

En las conocidas epopeyas del Rey Arturo y los caballeros de la Mesa Redonda, la célebre reina Ginebra (Gwenhwfar) que significa "Blanco Fantasma" es probablemente el supremo modelo de las mujeres celtas que encarnan la soberanía. Es ella la que mueve a los caballeros de la corte de Arturo a mostrar en bravura y realizar sus hazañas.



"El personaje de Ginebra, al igual que la mayoría de las heroínas de las leyendas célticas, tiene algo de rememoración de una antigua diosa solar. En todas las lenguas celtas, la palabra Sol es del género femenino, y la palabra Luna del masculino. La mujer es el sol. De esto se deduce que, en los tiempos antiguos, los celtas o sus predecesores en el continente europeo debieron practicar el culto a una divinidad solar femenina. el rostro de una divinidad de este tipo lo encontramos en un personaje tan conocido como Isolda, esposa del rey Mark y heroína de una leyenda famosa en todo el mundo: la historia de su infeliz amor con el sobrino de su marido, el joven y hermoso Tristán.

En realidad, la leyenda de Tristán e Isolda proviene de Irlanda. Allí la encontramos en una forma arcaica que ilumina singularmente la función que, en principio, la mujer desempeñaba en los antiguos pueblos celtas. No se trata de un amor banal. De acuerdo con el arquetipo irlandés, que es la historia de Diarmaid y Grainné, es la mujer -Isolda o Grainné- quien fuerza al hombre a amarla. Es ella, en efecto, quien impone las reglas del juego, con su inflexible determinación de huir en compañía del hombre amado, para bien como para mal.

Esta audacia de la mujer, su violento deseo de arrastrar al hombre a una aventura pasional, nos llega bajo el aspecto muy edulcorado del filtro amoroso que beben por descuido Tristán e Isolda".


III

"Muchas leyendas, tanto irlandesas como bretonas, relatan, con ligeras variantes, la siguiente historia: varios jóvenes se encuentran perdidos en un desierto y sufren terriblemente de sed. Una mujer vieja, de horrible aspecto, se les aparece y les ofrece agua, a condición de que uno de ellos la bese. Todos se niegan, salvo uno, que generalmente es el más joven. Este, superando su repugnancia, deposita un beso en la mejilla de la repulsiva anciana, que inmediatamente se metamorfosea en una hermosa joven que le dice: 'Yo soy la Soberanía. Con tu gesto de amistad, acabas de conquistarme' ".


IV

"En algún lugar del océano, allí por donde el sol se oculta, hay una tierra maravillosa que algunos llaman la Isla de Avalon. Es la isla de los Manzanos. En ella hay árboles que dan fruto durante todo el año, y la enfermedad y la muerte son desconocidas. Caracterizan a esta isla la belleza, la armonía, el color, la riqueza y la fecundidad. Y sus habitantes son sólo mujeres.

Mujeres misteriosas, hadas, divinidades de los tiempos antiguos, que esperan a los héroes bastante audaces para embarcarse en las más locas aventuras. Y los hombres, después de arrojar a la mujer a las tinieblas, se pasan la vida buscando esta Tierra de hadas, porque saben que no alcanzarán la dicha más que cuando recuperen su pureza primitiva, la de un paraíso perdido.

La aventura céltica acaba siempre en las orillas de la Isla de las Mujeres".

Markale, J. El triple rostro de la mujer celta. En El Correo de la Unesco. Diciembre, 1975

miércoles, 29 de agosto de 2007

Otros mundos

En relación con el premio Lettre Ulysses a los mejores reportajes, el siguiente fragmento de la inabarcable tragedia humana en el reino del capital.


"Lo que cuenta Moura es la odisea de las mujeres africanas, en su mayoría fugitivas de Nigeria, que se detienen en el bosque de Missnana, cerca de Tánger, en Marruecos, a pocos kilómetros del estrecho de Gibraltar. Esperan que las mafias de traficantes las crucen hasta la costa española de Tarifa, puerta de entrada a Europa.

Missnana es un agujero donde no hay sino horror. Para compartir un cuarto con otra decena de mujeres, las nigerianas pagan dos euros diarios. Con frecuencia esperan el cruce durante más de un año y no les queda otro recurso que prostituirse.

Sólo las que tienen embarazos avanzados son admitidas en las frágiles embarcaciones que surcan el estrecho por las noches. Ser madres en España confiere a los recién nacidos el derecho a un pasaporte español y a las fugitivas la esperanza de que, al cabo de largas peripecias burocráticas, también a ellas se les conceda la residencia. Moura ha cruzado el estrecho con los fugitivos y ha visto cómo las barcas avanzan apartando los cadáveres de los náufragos.

Una voluntaria de la Orden de la Madre Teresa resume la tragedia en pocas palabras: 'Algunas mujeres, desesperadas, golpean a la puerta del convento, en Tánger, cuando ya no hay nada que hacer. Vienen con síntomas terminales de neumonía, de tuberculosis, de diarreas infecciosas, de hepatitis, de sida. Al principio, las llevábamos al hospital para que les hicieran el test de HIV. Todas, sin excepción, daban positivo. Dejamos de hacer el test' ".

Martínez, Tomás Eloy. Noticia de otros mundos. En La República, 01.08.2004
Foto: lagranepoca.com

martes, 28 de agosto de 2007

Muerte y Resurrección de la Luna

En el segundo libro (capítulo XXIII) de los Comentarios Reales de los Incas, encontramos el relato donde Garcilaso de la Vega, el Inca, da cuenta de las explicaciones que los antiguos peruanos daban de los eclipses y de las transformaciones en el universo. Resalta en él, Pachacámac, el sustentador del universo.


"Tuvieron cuenta con los eclipses del sol y de la luna mas no alcanzaron las causas. Decían, al eclipse solar, que el sol estaba enojado por algún delito que habían hecho contra él pues mostraba su cara turbada, como hombre airado. Y pronosticaban, a semejanza de los astrólogos, que les había de venir algún grave castigo.

Al eclipse de la luna, viéndola ir ennegreciendo decían que enfermaba la luna y que si acababa de oscurecerse había de morir y caerse del cielo y cogerlos a todos debajo y matarlos y que se había de acabar el mundo. Por este miedo, en empezando a eclipsarse la luna tocaban trompetas, cornetas, caracoles, atabales y tambores y cuantos instrumentos podían haber que hiciesen ruido.

Ataban los perros, grandes y chicos. Dábanles muchos palos para que aullasen y llamasen a la luna. Que, por cierta fábula que ellos contaban, decían que la luna era aficionada a los perros por cierto servicio que le habían hecho y que oyéndolos llorar tendría lástima de ellos y que recordaría del sueño que la enfermedad le causaba.

(para las manchas de la luna decían otra fábula, más simple que la de los perros. Que aún aquella se podía añadir a las que la gentilidad antigua inventó y compuso a su Diana haciéndola cazadora, mas la que se sigue es bestialísima. Dicen que una zorra se enamoró de la luna viéndola tan hermosa. Y que, por hurtarla, subió al cielo y cuando quiso echar mano de ella la luna se abrazó con la zorra y la pegó a sí. Y que de esto se le hicieron las manchas. Por esta fábula tan simple y tan desordenada se podía ver la simplicidad de aquella gente).

Mandaban a los muchachos y niños que llorasen y diesen grandes voces y gritos, llamándola mama quilla (que es 'madre luna'), rogándole que no se muriese, para que no pereciesen todos. Los hombres y las mujeres hacían lo mismo. Había un ruido y una confusión tan grande que no se puede encarecer.

Conforme el eclipse, grande o pequeño, juzgaban que había sido la enfermedad de la luna. Pero si llegaba a ser total ya no había que juzgar sino que estaba muerta y por momentos temían el caer la luna y el perecer de ellos. Entonces era más de veras el llorar y plañir, como gente que veía al ojo la muerte de todos y acabarse el mundo.

Cuando veían que la luna iba poco a poco volviendo a cobrar su luz decían que convalecía de su enfermedad porque el Pachacámac (que era el sustentador del universo) le había dado salud y mandádole que no muriese, para que no pereciese el mundo. Y cuando acababa de estar del todo clara le daban la enhorabuena de su salud y muchas gracias porque no se había caído".

Inca Garcilaso de la Vega. Comentarios Reales de los Incas
Foto: Fundación Universitaria Andaluza "Inca Garcilaso"